Ha sido niña buena secretaria,
ha cumplido las normas,
ha servido cafés.
Lo ha hecho todo a cambio de casi mil
euros al mes
y el elogio de sus jefes.
Escupir sobre una misma debe ser un acto
de valentía.
Maldita niña buena,
tú no deberías ir al cielo.
¿Has visto alguna vez las conclusiones escritas
una a una sobre la piel de la frente?
En la recepción de una oficina
yo he visto pasar
el halo del demonio,
el rastro de los hombres prodigiosos.
Cantarás, al final, maldita niña,
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