
Gané: tiempo, espacio, nuevos compañeros de viaje, nuevas palabras en Oviedo, un nuevo libro en Almería, algún premio.

De ida y vuelta, Sara Herrera Peralta, Ed. Difácil, Prólogo de Antonio Sarabia, VII Premio Internacional de Poesía Martín García Ramos, 86 páginas, ISBN: 978-84-92476-03-9.
Dejó de felicitar las fiestas y la Navidad. Todos los años compraba veinte o más christmas y los enviaba a los familiares más queridos y los amigos más cercanos. Metía en sobres cada una de las felicitaciones de Navidad y las enviaba a principios de diciembre a cada destinatario, la mayoría en el extranjero. Los sobres tardaban entre cinco y quince días en llegar.
El año pasado dos de los sobres fueron devueltos por el cartero y uno de ellos vuelto a sellar y enviado de vuelta por su propio destinatario. En el primero de los sobres, dirigido a A, el cartero anotó “destinatario fallecido”. En el segundo de los sobres, enviado a B, “destinatario desconocido”. El tercer sobre, enviado a C, le llegó dentro de otro sobre con su nombre y dirección y la caligrafía del propio C, que además había subrayado junto al destinatario la palabra “capullo”.
Pensó que B se habría mudado, cambiado de casa, de localidad; a lo mejor le habían trasladado en el trabajo o a lo mejor se había quedado en paro, como muchos de sus amigos de Madrid, y había tenido que irse a la casa de sus padres, a las afueras. Luego se acordó de que C era el cuñado de Z, con quien había tenido una discusión enorme ese mismo año y a quien había dejado de hablarle. Maldita sea, por qué no se habría dado cuenta antes. Cogió el teléfono para llamar a Y, la mujer de A.
- ¿A?
- ¿Quién llama?
- Soy TT, llamo para hablar con A.
- ¿TT?
- Sí, ¿te acuerdas de mí?
- Bueno, hacía casi 20 años que no llamabas a A. Falleció este año, después de una larga enfermedad.
- Lo siento, no lo sabía.
- Eso imagino, ¿quieres algo más?
- No, no, disculpa si os he molestado.
- Adiós.
- Adiós, y feliz Navidad, ¿eh?



Uno tuerce la cabeza y piensa en los silbidos, las risas y las sonrisas, el arte de despistar. ¿Se llega uno a conocer a sí mismo alguna vez?
¿En qué lugar se dice he llegado, soy yo?
Bus-car es algo terriblemente peligroso, pero al mismo tiempo un motor. Al fin y al cabo, en el camino, lo que más me importa es ser honesta, tratar de serlo, por convicción.
Esta noche es igual que sentirse feliz (frente a todas las olas y frente al mar).
Elogio del futuro
Besé aquella escultura frente al mar.
Sentí luego el cemento en la saliva.
Se revolvió mi estómago,
como revuelve el yeso con sus manos
el albañil el tiempo.
Contemplé lo vivido,
celebré lo que aún crece.
Fui feliz construyendo una mirada nueva,
tendiéndome en la hierba como se curva el mar
al fondo, demostrando
que la tierra es redonda
algunas veces,
hoy, esta tarde contigo
mientras los perros corren a lamernos
porque hueles los besos de los que aman
porque huelen los huesos de los que aman,
porque los perros saben
con sus ojos tan tristes
cómo cura el amar, como locura
frente a todos los fríos, frente a todas las olas,
frente a todos los frentes de este frente
de gaviotas con miedo y batallas perdidas.
Porque corren después con nuestros huesos
mordidos en su boca, y no quieren soltarlos,
y el futuro es de pronto un mar inmenso
y la tierra es redonda
y nos duelen los huesos
y estás tú
y el albañil construye.
Fernando Beltrán - La amada invencible (80 poemas incurables) (KRK, 2006).
Cantamos y maldecimos los días de hambre,
de hambre y de Nocilla,
teniéndolo todo y no teniendo nada.
Cantamos creyendo en el paraíso
de una playa desierta con palmera inclinada,
el olor salado y el sonido de las olas,
cabalgando.
Testimoniamos los hechos.
Y quizá, algún día, sepamos por qué las colas son largas
en el Corte Inlgés, - una vez que hemos comprado ya
el papel higiénico, el arroz y los huevos -,
en la agencia de viajes.
Un billete, por favor.
Un billete para ir a algún sitio,
no importa dónde, lejos del barrio.
Cuando cantemos creyendo que el paraíso existe,
que de verdad hay una playa
y una isla desierta
y un cocotero
y una palmera,
cuando cantemos, por fin, convencidos
de que el paraíso existe,
los dioses serán menos,
ya no tendremos tantos sueños.