
Una no sabe nunca en realidad
qué rato, qué tiempo lejano
supuso un momento de tristeza.
Una no sabe jamás de dónde vienen
las llagas, el hueco, lo que duele,
la cicatriz.
Se puede cargar con el dolor
toda una vida,
pero la alegría
debería recordarse siempre
en las listas de regalos,
en las colas,
en la sala del médico,
ante el enemigo.
Si se deja un hueco a la esperanza
duelen menos las cosas grandes
y se celebran mucho más las más pequeñas.
Pregúntenles,
casi todos los niños saben de qué hablo.
(Fotografía y poema: Sara Herrera Peralta)
5 Comentarios:
"los niños saben de que hablo" precioso...
Saludos!
Gracias, Isza. Un saludo.
ojalá
pudiera preguntarle
a la alegría.
d.
Me encanta lo diáfano del poema. Atrapar y recrear lo sencillo, lo que hace aletear el corazón.
Saludos.
Abrazos azules, duenda.
Gracias y saludos, Halcón.
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