Paso solo como quien pasa a recoger un poco, así, por encima, o a barrer. No voy a hacer una limpieza profunda, pero tampoco me concentro, en casi nada. Ando picando un poco de aquí y de allá pero, sobre todo, con muchas cosas acumuladas. A estos tiempos tristes de recortes, de tanto paro, de tanta agonía, se suman todas esas otras cosas de las que muchos hablarían como no tan tristes, como algo normal. El malo, el mío, el de mi película, diría que son cosas que deben de ser así, otros ni siquiera son conscientes de que ocurren.
No me gusta especialmente ver en ningún medio el deporte, aunque los treinta me recuerden que debo hacer ejercicio al menos dos veces por semana por aquello de que es más sano para la salud, la física y la mental. Sí me gustan algunos de los valores del deporte. Sin embargo me enfada que no se le preste la misma atención a la cultura que al deporte, por ejemplo. Y me enfada más todavía que la número uno del tenis y ganadora de una importante competición salga en el último rincón de la portada digital de un periódico nacional, porque el señor que gane mañana no tendrá ese lugar. Eso sí, antes de esa noticia Boris Izaguirre firma un artículo (confieso no haberlo leído) afirmado que Carlota está enamorada. Las mujeres, siempre, en el lugar en el que muchos se empeñan en seguir situándonos.
Acabo de llegar a casa después de haber ido al supermercado. El cajero es un señor árabe. Cuando yo estaba pagando se pusieron en la cola dos señores rumanos, cargados de botellas de agua y alguna que otra lata de conservas y unas manzanas. Nada de alcohol. Ninguna otra cosa. El señor árabe miró a los dos señores rumanos y les hizo señas: Aquí no se aceptan monedas pequeñas, les dijo. Pero los señores rumanos no entendían, o hacían ver que no entendían, bien el francés. Entonces el señor cajero sacó una moneda de diez céntimos de la caja y, mientras seguía pasando mis artículos por el escáner, les repitió enseñándoles la moneda: Esto no aquí. Y se lió una gorda, porque le dije al señor cajero que yo solo llevaba monedas de diez céntimos y la señora que estaba detrás de mí empezó también a amenazar al cajero con que no pagaba ni volvía si no les dejaba a los dos comprar lo que llevaban consigo.
Hay días en los que una se sienta en el sofá de casa y piensa que ni siquiera intentar ponerse una sonrisa en la cara sirve de mucho. Este mundo está cada vez peor. Claro, que siempre hay quien nos pone la mano en el hombro y nos dice que no, que en realidad todo fue mucho peor antes.
Creo que el formato blog se está quedando antiguo. Cada vez paso menos por aquí porque cada vez me llega menos el feedback. Ah, las redes sociales son otra cosa. Sin embargo en momentos como éste en el que quisiera darle una patada a algo aquí está Blogger, abriéndome la ventana, aunque no sepa si será cuestión de tiempo.
La poesía sí, la poesía sigue. Incluso un proyecto de narrativa. Pero tampoco sé si eso es lo que importa hoy. Si les importa, también les puedo recordar que los beneficios de autor de Shock (Baile del sol, 2011), mi último poemario publicado, están todos destinados a proyectos de educación para niños y jóvenes de África (Fundación Umbele). A veces una se siente estúpida por algunas cosas, pero la mayoría piensa que no queda más remedio que seguir partiéndose la cabeza contra un muro, aunque se trabaje por amor al arte y aunque la cultura siga quedando en el último lugar.
4 Comentarios:
Sara, mira muchos seguimos por aquí, pero tengo que decir que si no hay feedback a veces es también porque los lectores tampoco recibimos feedback a nuestro feedback. Siempre hay respuestas, eso está claro, amables a lo que planteamos, pero pocas veces hay un intercambio real y la cosa queda en agradecimientos por haber pasado.
No me estoy refiriendo a este blog (o quizá sí)... a veces una tiene ganas de entablar un debate o una conversación significativa, pero la cosa se limita a un comentario que se lee pero que tampoco tiene más consecuencia que esa.
No me malinterpretes: respuestas a los comentarios siempre hay y eso se agradece, pero quizá no sean lo profundas que uno esperaba.
Muchas gracias.
M.
Hola, M., te agradezco tu sinceridad. No sé si te estás refiriendo a un comentario concreto o a una impresión general, en cualquier caso si doy las gracias por pasar por aquí es evidentemente porque no estoy interpretando que haya una pregunta o ganas de ir más allá. Claro que también puede ser que yo esté interpretando mal. Sea como sea no es, desde luego, por falta de atención. Siento haberte dado esa impresión.
En todo caso la finalidad de este blog es compartir. Además del autobombo que hay de vez en cuando la mayoría de los posts tienen poemas de autores que me gustan o que leo en el momento en el que escribo. Eso es realmente para mí lo importante, dar a conocer o hacer releer a ciertos escritores a los que yo admiro. El resto es lo de menos, así que si yo tampoco siento el feedback, sea por el motivo que sea, es lógico y sensato que me pregunte si de verdad todo el tiempo que se invierte merece la pena o está sirviendo para algo. Con comentarios como el tuyo me consta, desde luego, que sí. Y gracias.
Un abrazo,
sara
hago mío el comentario primero, sara, y entiendo tus dudas, muy razonables. todos tenemos ésos momentos de fragilidad cuando no sabemos si esto llega a algún lugar, y si lo hace, hay alguien que a su vez puede certificar que la señal es válida.
claro que falta profundidad y lo que sobra es velocidad. quizá éste formato sean sólo botellas lanzadas al océano a la vez con el mensaje dentro. somos millones lanzándolas y al llegar a la costa alguien recoge alguna. en el camino perdemos otros miles de mensajes que se cruzan y que podrían ser certeros o cambiarnos la mirada en un instante.
yo antes de estar en ésto leía más. y es lo que había hecho casi siempre antes: leer. el blog se nutría de ello y de rastros de vida. pero un paso más allá, en facebook -donde estoy hace poco- encontré un espacio que para mí no complementa el libro. en mi caso, lo aparta. de momento...
sí he notado que al mover más a diario el perfil de sopadepoetes, el blog se ha detenido de forma perceptible. en el fondo echo de menos los tiempos de abundancia en nuestro blog, donde compartir era -como bien dices- casi lo único importante. era el diario, el apunte, la muesca cotidiana, la reseña lo que interesaba sobre todo. y también lo leído o descubierto. pero esto va demasiado deprisa y quizá nos empujan sinuosamente por terrenos en los que el compartimento cada vez más intrincado nos borra el contenido, lo hace casi invisible, sin huella.
¿cómo gestionar éste galimatías?
disculpa si me estoy metiendo en un jardín, pero creo que habría que recuperar la lentitud, la calma. y que sepamos atenuar ésta velocidad que a veces hace peligrar las ideas, los argumentos, ése intercambio utilísimo y tan necesario.
quizá cada soporte tenga que ver más con una etapa, una necesidad de comunicación, un deseo de hacerse notar, una aportación crítica metódica, una mayor profundidad del pensamiento.
en fin perdona éste novelón, pero tenía ganas de compartirlo. al fin y al cabo, se trataba de éso.
abrazo
pepe
Hola, Pepe. Gracias por el comentario y tu reflexión. Estoy muy de acuerdo contigo en lo de los formatos. Desde que empezamos a utilizar las redes sociales todo se ha vuelto más rápido y otros formatos, como el blog, que requieren más tiempo y dedicación, quizá se estén quedando un poco atrás. Y, sin embargo, se puede profundizar más con el blog, pero nos falta tiempo a todos todos los días, quizá por eso uno asome la cabeza y marche dejando encajada la puerta, sin decir nada.
Es normal también, y soy consciente de ello. El problema es ése, que el tiempo nos falta a todos y a veces una se pregunta si merecerá realmente la pena seguir invirtiendo esuferzo y tiempo en un blog. En fin, la reflexión sigue y ya se verá dentro de unos meses.
El objetivo sigue siendo compartir. Si de vez en cuando a alguien le sirve de algo, cierta utilidad debe tener. Y eso bastaría, la verdad.
Un abrazo grande,
sara
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