Qué verdad esconde esta plaza.
Los niños que ahora juegan a los marcianos
tenían entonces hambre,
mañana tendrán un Mercedes
aparcado en la puerta.
El campo da.
Da a veces, otras quita.
Ciudades de granito y sombras,
hemos construido
el batallón para la lucha,
la nada entre las ollas del cocido,
el mosto de los hombres del pueblo,
la primera boda del año en la iglesia.
A voluntad propia
llamarnos indecentes y guarros
es creer en la felicidad
dibujada en los anuncios y en las revistas
de los hombres desaparecidos.
Los adoquines levantados
serán testigos de una ceremonia.
Llámame rico a cambio
de una licencia de habitabilidad.
Hoy el pueblo es rascacielos,
tierra sin labrar donde los más viejos
se avergüenzan de la Historia.
Y no hay nada acumulado,
es el mundo que avanza.
(inédito)
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