sábado

Adiós a Adrienne Rich

Adrienne Rich en 1987 (foto de Margalit Fox)

Esta semana nos quedamos de nuevo un poco más solas. Aún lamento la muerte de Wislawa Szymborska cuando las redes sociales me avisan de la muerte de Adrienne Rich.

No me considero especialmente mitómana, aunque quizá lo sea una pizca, ahora que me voy haciendo mayor, con mis poetas o mis escritores. Siendo adolescente no recuerdo las pérdidas y ahora, con los 30 cumplidos, siento que me roban algo que es un poco de mí, un trozo de la persona que quiero ser, un poco del camino, cada vez que uno de ellos se va para siempre. He llorado a Delibes, Benedetti, Bourgeois o Szymborska. Hay otros, sí. Adrienne Rich ha sido una maestra para muchas y muchos. Una de esas autoras que te van indicando el camino. Triste, también, la noticia de su muerte. Que allá donde esté siga tejiendo versos como estos.


II
Todo lo que escribamos
será usado contra nosotros
o contra quienes amamos.
Estas son las condiciones,
las tomas o las dejas.
La poesía nunca tuvo ocasión
de estar lejos de la historia.
Un verso mecanografiado hace veinte años
puede ser una pintada que brilla en una pared
para exaltar el arte distanciado
o tortura de quienes
no amábamos pero tampoco
queríamos matar.
Cambiamos pero nuestras palabras permanecen
se hacen responsables
de más de lo que pretendíamos
y esto es privilegio verbal.

VI
Poeta: hermana: palabras-
nos guste o no-
perduran en un tiempo propio.
No sirve lamentarse Lo escribí
antes de que Kollontai fuese exiliada
Rosa Luxemburg, Malcolm,
Anna Mae Aquash, asesinados,
antes de Treblinka, Birkenau,
Hiroshima, antes de Sharpeville,
Biafra, Bangladesh, Boston,
Atlanta, Soweto, Beirut, Assam

-esos rostros, nombres de lugares
cercenados del calendario
del tiempo norteamericano

VII
Pienso esto en un país
donde las palabras se quitan de las bocas
como el pan se quita de las bocas
donde los poetas no van a la cárcel
por ser poetas, sino por ser
de piel oscura, mujeres, pobres.
Escribo esto en un tiempo
en el cual lo que escribimos
puede usarse contra quienes amamos
en el que no se da nunca el contexto
aunque intentemos explicarlo, una y otra vez.
Por el bien de la poesía al menos
tengo que saber estas cosas.


Adrienne Rich Poemas (1963-2000) (Renacimiento, 2000)

lunes

¡Oh, publicó un e-book!



Algunos se echaron las manos a la cabeza, otros simplemente se alegraron por una nueva publicación. Muchos me han recordado aquella frase que reza que las crisis no presentan más que oportunidades. Ni tanto, ni tan calvo, como casi todo en esta vida.


En España cuesta trabajo publicar. Imagino que lo mismo que cuesta en muchos otros países. Y, aún así, muchas personas me han dicho, me siguen diciendo, que se publica demasiado.


Después de un mes subido a la red, Mamá era Ilsa Lund al principio de todo (Cangrejo Pistolero Ediciones, 2012) sigue estando en la lista de libros de poesía más vendidos de Amazon España (hoy, mientras escribo esto, está en el número 15, hace dos días volvía a estar en el 2, mañana puede estar en el 30). Y yo, ahora que conozco el número de descargas total hasta la fecha, me río de las listas de ventas. Eso sí, puedo decir que un mes ha habido más ventas que en el mismo tiempo de cualquiera de mis libros anteriores en formato papel.


Estos primeros pinitos de edición digital nos enseñarán a todos, autores, editores y lectores. Si ya lo pensaba antes, hoy estoy aún más convencida de que el éxito de todo aquel que quiera sobrevivir (autores y editores) se basará en gran medida en la convivencia de los dos formatos. Que un libro pueda leerlo, con sólo un clic, un lector que está en América, no tiene precio. Pero el olor, el libro objeto, de una obra bien publicada por un buen editor, tampoco lo tiene. Sí, soy una romántica empedernida.


El tiempo sólo recordará las obras, las trayectorias, no tanto los formatos en los que se publicaron. Yo sólo puedo agradecer a todos mis editores las páginas que hoy existen y esperar seguir pudiendo encontrar casas, de papel y digitales, para mis libros. Escribo primero por necesidad, después para los lectores que sé que existen y todos aquellos que imagino luego.


Hay quienes me preguntan por derechos de autor, beneficios y otros asuntos de este tipo. Todos los que se han acercado un poco a este mundo saben que la poesía, en sí misma, no da ni para un paquete de pipas. El que quiera vivir de esto, más vale que se busque mejor oficio. Salvo el dinero que me han dejado los premios, ninguno de mis libros me da un solo euro. Cuando no he destinado los derechos de autor a una fundación benéfica, como fue el caso de Shock (Baile del sol, 2011), he pedido a la editorial ejemplares para regalar en lugar de un puñado pequeño de monedas. No, no me importa que una editorial haga el trabajo de maquetación, diseño y distribución a cambio de un euro, porque un euro es lo que vale una barra de pan y los editores tienen que cobrar. No quiero decir con esto que no defienda, con la mano en el fuego, el valor de la obra del artista, hablo de que cada uno hace, o debería hacer, con su obra lo que quiera y como quiera. Yo cuando empecé a publicar no conocía absolutamente a nadie. Sigo probando suerte y llamo a cada puerta que se encaja. Puedo decir, además, que por el camino me he encontrado con varias personas a las que sólo puedo estarles para siempre agradecida, por el abrazo, por la generosidad.


Lo que haga mañana dependerá de lo que pase hoy. Lo único que sé es que ahora mismo no me importa lo que me dé un libro de poesía ni el formato en el que se publique, me importa sólo la poesía.

domingo

5 años después

"Creo que Pilar Donoso descubrió un día que es imposible escribir sobre alguien sin escribir sobre uno mismo. Y también que es imposible que el dolor que nos rodeó durante tanto tiempo no nos haya dejado una huella demasiado insoportable".

J. Ernesto Ayala-Dip. El País. 16/11/2011

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"Descubrió que el mundo se divide en los que saben sentirse a gusto solos en la silla de un bar y los que no saben".

J. Franzen. Libertad (Salamandra, 2011)

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Algunos últimos apuntes. Y París que, 5 años después, me regala el inicio de un nuevo poemario.

sábado

"Rechazo el cinismo de una sociedad que sólo piensa en su propio bienestar (...). Y a los malditos indiferentes que nunca se meten en líos"


Llegó la primavera y tantísimos contactos de Facebook se lanzaron el mismo día a actualizar sus estados dándoles la bienvenida, alegres y a modo de celebración. Vivimos tiempos difíciles para tantas cosas, y no recuerdo a mis padres o a mis abuelos contarme historias sin hablarme de los tiempos difíciles que ellos vivieron.

La cabeza tiene en ocasiones un extraño mecanismo de defensa. La mía busca el sol del París gris que se empeña en dejarnos este cielo como si fuera la última cosa que fuera a hacer en la vida. El médico me receta vitamina D.

A menudo los sueños y la realidad van unidos. Tendemos a desear lo que no tenemos, tratamos de aparentar, de enseñar, de compartir con excusas lo que a veces no es más que un alimento para el ego.

Al final, no hablo sólo del mundillo literario, me refiero a la vida, porque nada importa más, lo que de verdad nos sirve es lo auténtico.

Hoy me llega a la bandeja de entrada un artículo que Ángeles Caso publicó en La Vanguardia el 19 de enero de 2012 y que no había leído antes. Lo subo al blog porque sé que voy a ahorrarme palabras en e-mails, consuelos, palabras para amigos y para mi familia. Las gracias, una vez más, a mi madre, por tanto.

Ángeles Caso - La Vanguardia 19-1-2012

Será porque tres de mis más queridos amigos se han enfrentado inesperadamente estas Navidades a enfermedades gravísimas. O porque, por suerte para mí, mi compañero es un hombre que no posee nada material pero tiene el corazón y la cabeza más sanos que he conocido y cada día aprendo de él algo valioso. O tal vez porque, a estas alturas de mi existencia, he vivido ya las suficientes horas buenas y horas malas como para empezar a colocar las cosas en su sitio. Será, quizá, porque algún bendito ángel de la sabiduría ha pasado por aquí cerca y ha dejado llegar una bocanada de su aliento hasta mí. El caso es que tengo la sensación -al menos la sensación- de que empiezo a entender un poco de qué va esto llamado vida.

Casi nada de lo que creemos que es importante me lo parece. Ni el éxito, ni el poder, ni el dinero, más allá de lo imprescindible para vivir con dignidad. Paso de las coronas de laureles y de los halagos sucios. Igual que paso del fango de la envidia, de la maledicencia y el juicio ajeno. Aparto a los quejumbrosos y malhumorados, a los egoístas y ambiciosos que aspiran a reposar en tumbas llenas de honores y cuentas bancarias, sobre las que nadie derramará una sola lágrima en la que quepa una partícula minúscula de pena verdadera. Detesto los coches de lujo que ensucian el mundo, los abrigos de pieles arrancadas de un cuerpo tibio y palpitante, las joyas fabricadas sobre las penalidades de hombres esclavos que padecen en las minas de esmeraldas y de oro a cambio de un pedazo de pan.

Rechazo el cinismo de una sociedad que sólo piensa en su propio bienestar y se desentiende del malestar de los otros, a base del cual construye su derroche. Y a los malditos indiferentes que nunca se meten en líos. Señalo con el dedo a los hipócritas que depositan una moneda en las huchas de las misiones pero no comparten la mesa con un inmigrante. A los que te aplauden cuando eres reina y te abandona cuando te salen pústulas. A los que creen que sólo es importante tener y exhibir en lugar de sentir, pensar y ser.

Y ahora, ahora, en este momento de mi vida, no quiero casi nada. Tan sólo la ternura de mi amor y la gloriosa compañía de mis amigos. Unas cuantas carcajadas y unas palabras de cariño antes de irme a la cama. El recuerdo dulce de mis muertos. Un par de árboles al otro lado de los cristales y un pedazo de cielo al que se asomen la luz y la noche. El mejor verso del mundo y la más hermosa de las músicas. Por lo demás, podría comer patatas cocidas y dormir en el suelo mientras mi conciencia esté tranquila. También quiero, eso sí, mantener la libertad y el espíritu crítico por los que pago con gusto todo el precio que haya que pagar. Quiero toda la serenidad para sobrellevar el dolor y toda la alegría para disfrutar de lo bueno. Un instante de belleza a diario. Echar desesperadamente de menos a los que tengan que irse porque tuve la suerte de haberlos tenido a mi lado. No estar jamás de vuelta de nada. Seguir llorando cada vez que algo lo merezca, pero no quejarme de ninguna tontería. No convertirme nunca, nunca, en una mujer amargada, pase lo que pase. Y que el día en que me toque esfumarme, un puñadito de personas piensen que valió la pena que yo anduviera un rato por aquí. Sólo quiero eso. Casi nada. O todo.

martes

21 de marzo, Día Mundial de la Poesía

Celebrar el día de la poesía (va otro "día de" aunque no los defienda) es acordarse un poco de mis primeras editoras, de los que hicieron posible los premios, de los editores y editoras que vinieron después, de todos los que me regalaron desinteresadamente algo en este camino, de los lectores que te sorprenden o te envían un mail y te descubren en la distancia, una distancia que a veces supera todos los kilómetros que una pudo nunca imaginar.

Celebrar el día de la poesía el año en el que se cumplen 5 años desde que se publicó mi primer libro, es, a la fuerza, hacerse preguntas, hacer un poco de balance, contar con los dedos de la mano, decir, sobre todo, gracias, sentirse agradecida.

Pero, también, celebrar el día de la poesía, sigue siendo un compromiso, una obligación. Querer o necesitar escribir poesía no es querer ser poeta. Pocos poetas con dos dedos de frente quisieran de verdad ser poetas. La poesía consigue, sin embargo, algunos milagros.

A todos los que conocen alguno de los milagros de la poesía (ya sean lectores, editores, autores), felicidades.

sábado

May rest in peace, Mr Whitman. O el secreto del mago de Shakespeare & Co.



"I do not travel, people come to visit me here"

"All the world is my school and all humanity is my teacher"

George Whitman

domingo

Sobre "Culpa de Pavlov", de Sofía Castañón


Los poemas de Culpa de Pavlov de Sofía Castañón (Comuniter, 2011) ya habían nacido hace unos años. Merecieron el Premio de Poesía del Certamen de Jóvenes Creadores del Ayuntamiento de Madrid en el año 2008, pero, por suerte, estos versos tienen ahora otra vida en un cuaderno con formato precioso e ilustraciones de Antonio Ruiz Montesinos que acaba de aparececer en la Colección Resurrección de la Editorial Comuniter.

Leer Culpa de Pavlov es sentirse reconocida (tú también te sentirás reflejado o reflejada) en acciones casi de autómata (Ni los golpes, ni los trucos, ni las armas/ de las que te sirves cuando el miedo/ te improvisa las ganas./ No vi nada.// Ciega/ e iluminada como una creyente en éxtasis/ entré en tu casa./ Y no vi nada más.// El castigo empieza ahora/ con los ojos inyectados en sangre/ y esta decepción).

Sofía consigue en estas páginas, una vez más, situarnos frente a escenas que resultan cotidianas, con sencillez y un estilo muy personal, como si el bolígrafo o las teclas de ordenador con las que escribió los poemas fueran su propio bisturí y el mismo que sirve para hacernos reflexionar a los demás.

Hay una mezcla de crítica, honestidad y ternura en los poemas de Sofía Castañón. En el poema Cartera escribe: Sonreír como saltar/ ya adulta en un colegio./ Esta contagiosa, moderada/ vergüenza/ a mostrarnos felices,/ parecer idiotas. Y una no puede evitar al leer estos versos pensar con una sonrisa que sí, que en muchos momentos del día parecemos idiotas.

Mentiría si niego que tengo predilección por la obra de Sofía Castañón. Leí fascinada sus primeros poemas en Últimas cartas a Kansas (La Bella Varsovia, 2008) con el que obtuvo el I Premio de Poesía Pablo García Baena. Después han venido otros libros y cuadernos más, en español y en asturiano. Esto de escribir me ha regalado alguna que otra compañera de fatigas y amiga: Sofía es una de ellas. Por eso, también, celebro cada publicación suya, pero sobre todo porque Sofía Castañón me parece una de las poetas jóvenes más interesantes, una de las voces más personales, del panorama español.

viernes

La lista interminable


Ver un poco el sol todos los días.


Poder encontrar el mar a menos de cincuenta kilómetros de distancia.


Aprender a hablar portugués, italiano y árabe.


Escribir un libro que guste a muchísima gente.


Hacer 25 ejemplares de un libro encuadernado a mano con mis dibujos y mi poesía.


Tumbarme en verano sobre el césped y pasarme una noche entera mirando al cielo y contando estrellas.


Recaudar 600 euros con libros y donarlos a una fundación benéfica.


Volver a hacer teatro.


Re-aprender a tocar el piano.


Aprender a hacer croché y patchwork.


Aprender a coser y vestirme con ropa hecha a mano.


Parar el momento en el que veo reír a carcajadas a mis padres.


No ver llorar nunca más a mis abuelos.


Plantar un árbol.


Visitar todas las ciudades, todos los países, todos los pueblos del mundo.


Aprender a bailar bulerías.


Tener la posibilidad de adoptar a una niña o a un niño.


Borrar para siempre todos mis miedos.


Tener un trabajo con el que disfrute cada día, darme cuenta cada mañana.


Probar la mejor carne de Buenos Aires.


Visitar todas las librerías más bonitas del mundo.


No ver nunca sufrir a los que más quiero.


Morir viejita arrugada de la mano con él y paseando por las calles de París.


Comer patatas fritas casi todos los días de mi vida.


Llevarle flores a Louise Bourgeois.


Abrazar a Beda toda mi vida.


Tener todo el tiempo del mundo para leer libros sin parar.


Ver durante siete días las mejores películas de la Historia del cine.


Aprender a hacer reír.


Tener siempre a mano una caracola con la que poder escuchar el mar en los momentos más tristes.


Conservar los valores en los que creo.


Ser siempre fiel y honesta conmigo misma.


Hacer sentirse queridos a los que más amo.


Deshojar muchísimas margaritas blancas durante un día entero.


Grabar una película.


Estar a tiempo siempre de pedir perdón.


Caminar descalza sobre un piano de cola.


(…)

"Ceux qui regardent", un poema traducido al francés para la revista Alba


Mañana sábado día 10 de marzo se presenta, a las 19h, el número 16 (dedicado a lo negro) de la revista Alba. La cita, en el teatro Aleph (30 rue Christophe Colomb 94200 - Ivry Sur Seine).

En este número tengo la suerte de participar con un poema traducido al francés: Ceux qui regardent. Las gracias a la traductora, Nina Ginsbert, a los responsables de la revista, y en especial a Silvia Terrón.

Aquí les dejo el programa en francés y el poema en los dos idiomas. Si están por aquí, anímense.

Présentation numéro 16 Alba Magazine consacré au Noir
Samedi 10 mars 2012, 19h00-20h00
Théâtre Aleph
30 rue Christophe Colomb 94200 Ivry Sur Seine

Lecture de poésie latino-américaine
Performance du groupe Tropiques noires
Projection d'un film par le collectif El Perro que ladra
Concert de balafon de Sory Sylla, musique traditionnelle africaine


Ceux qui regardent

La fumée des cheminées:
c'est l'unique mouvement
qui s'élève dans les airs.

La ville est une usine, grise et oxydée.
On ordonne de changer les systèmes économiques,
la composition des éléments.

Les rues se déplient:
la ville se réveille au son du grincement des machines,
le bruit de ceux qui bousculent
la charrette de quelqu'un pour qu'il avance.

La ville est une usine faite de verres.
La fumée ternit avec chaleur les territoires

alors que s'embuent aussi
les cristaux de Venise.

Personne n'a jamais nettoyé
le noir des visages.


Los que miran

El humo de las chimeneas:
ése es el único temblor
que se eleva por los aires.

La ciudad es una fábrica, gris y oxidada.
Están mandando cambiar los sistemas económicos,
la composición de los elementos.

Las aceras se desdoblan:
la ciudad amanece con el chirreo de las máquinas,
el ruido de los que empujan
el carro de un ir hacia delante.

La ciudad es una fábrica hecha de cristales.
El humo empaña con calor los territorios

mientras se empañan también
los cristales de Venecia.

Jamás nadie ha limpiado
el negro de los rostros.


Poema incluido en el poemario Provocatio
- Premio Ana de Valle - Ayto. de Avilés, 2010.


"Mamá era Ilsa Lund al principio de todo" y el proyecto Prebook en el número 28 de la revista LaExpress


Una fórmula imaginativa y novedosa de abrir puertas a los creadores literarios que ya tiene su primera autora Prebook: Sara Herrera, una joven jerezana que presenta su sexto poemario "Mamá era Ilsa Lund al principio de todo". En un solo día ya figuraba entre los más vendidos de Amazon en el apartado de poesía.

(Página 15 del nº 28 de la revista LaExpress).

Mamá era Ilsa Lund al principio de todo (Cangrejo Pistolero Ediciones, 2012)

Comprar por 1 € en formato digital en Amazon

miércoles

8 de marzo, Día Internacional de la Mujer


Este día no debería existir pero tiene que existir. Los días de no deberían existir y sin embargo a veces nos hacen recordar. No puedo nunca dejar de celebrar los 8 de marzo. Cada año envío por la mañana un mensaje de texto a mi madre porque nos separan 2000 kilómetros. Tengo la extraña costumbre de felicitar también a las mujeres que más quiero.

Un recuerdo antes, durante y después de este día para todas las mujeres que siguen siendo discriminadas o sufriendo violencia verbal o física sólo por ser mujer. Un llamamiento a todas y todos para seguir trabajando por que nuestro mundo sea un mundo más justo y haya más mujeres en los lugares que hoy siguen estando dominados por hombres. Un abrazo fuerte a las mujeres que tengo más cerca, a las que más quiero, y que han sentido alguna vez o están sintiendo abusos o discriminación laboral cada día que van a ocupar su puesto de trabajo.

Breves líneas, en fin, para acordarse de que el 8 de marzo no es más que un recordatorio para el resto del año. Felicidades a todas.

martes

Ceux qui comprennent

Al final (casi) siempre pasa lo mismo: llega más lejos el que menos lejos quería llegar, se divierte más el que menos pretendía divertirse, llora menos el que menos miedo tenía a llorar.

El tiempo: esa cruel y otras veces buena medida, que termina colocándonos a todos en nuestra silla (salvo en el caso de las injusticias, claro).



sábado

"El mar y otras cosas de las que también me acuerdo"


Aprendí que es mejor no pintar las estrellas de mar
con la laca de uñas de la abuela.
Sobre todo si es la única estrella de mar
que has encontrado en tu vida,

sobre todo con la laca de uñas de la abuela.


Mónica Gutiérrez Serna - El mar y otras cosas de las que también me acuerdo (Thule Ediciones, 2011)


Ayer Patricia vino a París y me trajo, envuelto en papel naranja y cordón de lana, un libro hermoso que huele a mar. Lo encontró en la librería Peles Guedellas de Vigo, un lugar mágico donde cuentan cuentos, organizan talleres (de encuadernación, de ganchillo...), de esos que una quisiera que estén llenos siempre, que duren siempre. Con el libro recordé los primeros pasos con la abuela y el abuelo, los poemas que ahora escribo para ellos. Escuché las olas. Aprendí a leer de nuevo. Las hojas de un libro hecho de sal y acuarela: poder sentir el mar gracias a los kilómetros que este libro ha hecho en la maleta. Se guardan los secretos más grandes. Debo dar las gracias. Tengo tanta suerte.

(Más sobre el libro, aquí)

jueves

Con 1 click, en 1 minuto, por 1 euro, "Mamá era Ilsa Lund al principio de todo"


Mamá era Ilsa Lund al principio de todo sigue siendo el libro de poesía más vendido en Amazon España una semana después de su subida a la red. Muchísimas gracias a todos.

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(Y no hace falta tener un ebook o un iPad o un iPhone para poder descargar el libro, se puede bajar directamente a tu ordenador, sea un PC o un Mac, y aquí te explican cómo).